sábado, 9 de junio de 2012

"Pesadilla"


Emocionado, baja en carrera loca por las escaleras de mármol y, al girar por el segundo descanso, vuela a través de la ventana abierta rumbo al vacío desde un segundo piso.
Al verlo desaparecer, salto los escalones, de dos en dos, para llegar lo más pronto posible hasta donde, supongo, Lorenzo habrá caído. Mi corazón, como caótico tambor, retumba en mis oídos y el estómago se ha convertido en una piedra, pequeña y pesada, en la mitad de mi cuerpo.
Busco a mi perro por todos lados y sólo encuentro a uno que, todos me aseguran, es Lorenzo. ¿Cómo esperan engañarme? Podría reconocer a mi Lorenzo de entre un millón de perros y, ese que me muestran, no es mi amigo, aunque sea blanco con manchas negras.
Mi hijo se acerca y casi en un susurro me anuncia: “Lorenzo ha muerto”.
Cascadas de llanto brotan de mis ojos y el dolor en el pecho me hace caer de rodillas al suelo y. . . ¡Despertar!
Son las cuatro de la mañana y mi sudor empapa las sábanas. Mi garganta, engarrotada y tiesa, me impide respirar. Hago respiraciones profundas para recobrar el aliento y contener las ganas desbordantes de llorar.
-¡Todo ha sido una pesadilla!-, me repito, una y otra vez,- ¡Es sólo una pesadilla!  
Y, aunque el mal sueño había terminado, la sensación de temor a perderlo me hace correr hasta su cama. Lorenzo, vencido en un profundo descanso, sólo resuella desde la inconciencia al sentir mi vaga presencia.
Recuerdo aquellos anuncios de que quienes lloran la muerte de su gran danés y, ahora, una pesadilla me ha hecho entender su dolor por haber perdido a su amigo, su compañero y, aunque creí saberlo, sopeso todo el amor que le tengo a mi Lorenzo.
¡Te quiero, Lorenzo! ¡Gracias por ser MI Lorenzo!

viernes, 1 de junio de 2012

"En honor a la verdad"


A medida que pasan los días, al ver a Lorenzo desarrollándose, recuperando la estampa y la alegría hasta en el andar, me sobrecoge una inmensa emoción. Esa imagen, rodeado por niños y adultos acariciándole, me hace suspirar y repetir, convencida: ¡Todo ha valido la pena! Mi corazón, entonces, descansa en la certeza de que tengo de él lo más importante: su felicidad y su salud. O, al menos eso creo, hasta que veo a un cachorro jugueteando y que promete convertirse en un ejemplar espectacular. Entonces, en mi mente, comienza a rondar el “hubiera”.
Y, a últimas fechas, ese “hubiera” me ha visitado por las noches tejiendo sueños inconclusos. La simple noticia de que mi Lorenzo, después de una última revisión, está listo para reproducirse, ha removido el recuerdo de aquel cachorro almeriense cercado entre gente que le prodigaba cariños y halagos en el aeropuerto de Barcelona, listo para iniciar sus aventuras en tierra mexicana.
¿Acaso el sueño de la crianza de un ejemplar especial y la fantasía en las pistas sigue vivo?
Creo que, al igual que nosotros como padres pasamos aquellos deseos guardados a los hijos, ahora me descubro soñando en un cachorro que luzca su cabeza perfecta y su manto blanco. Así se levanta en mí, como una nueva oportunidad, la ilusión de ver crecer a Lorenzo, otra vez, en unas recién nacidas cuatro patitas blanquinegras.
Si, en honor a la verdad, confieso que me ilusiona ver a uno de su descendencia correr y disfrutar, retozar saludable y sin enfado en los mismos parajes en que, Lorenzo y yo, sólo disfrutamos de la vista y de nuestra mutua compañía.

domingo, 27 de mayo de 2012

"Noche de perros"


Aunque he utilizado la expresión de “Pasé una noche de perros” en alguna ocasión, confieso que, hasta ayer, no tenía un contexto que me explicara el verdadero significado.
Pero ahora, Lorenzo se ha encargado de darnos una nueva experiencia.
Una siesta prolongada, ayer por la tarde, nos despertó con un sobresalto: ¡Lorenzo se quedó encerrado! Y agobiado, un poco por la culpa de haberlo dejado fuera, mi esposo corrió hasta el patiecito donde toma su siesta matutina en su colchón.
Siendo casi la medianoche, con cierta inocencia, le dimos las buenas noches y volvimos a la cama. Entonces descubrimos que, nuestro olvido, tendría un precio. Y así comenzamos con un desfilar de iniciativas del gigantón que iban desde un insistente juego hasta ladridos exigiendo atención.
Ni mimos, ni regaños sirvieron de nada para aplacarlo y pasadas las 12, como último recurso, mi marido salió a dar un paseo a la luz de la luna y hasta incluyó una que otra carrerita para lograr cansar al joven Lorenzo, quien parecía haber olvidado el concepto de “sueño”.
Sudoroso y cansado, el abnegado co-dueño volvió a casa, sólo para descubrir que Lorencito seguía con energías y muchos ánimos de continuar jugando.
Para las tres de la mañana y en un intento de hacerle entender que era suficiente, ¡zap! Una nalgada en el trasero y una orden en el tono más enérgico, que alguien puede tener a esa hora, fueron mi último recurso. Pero, bien dice el dicho, “una nalgada a tiempo traerá la buena disciplina” y comprobé que, en mi caso, estaba muy a destiempo. Lorenzo, con ladridos y refunfuños, se acostó. . . ¡para reiniciar a las 5 de la mañana!
El truco de escondernos bajo las sábanas y fingirnos dormidos fue inútil. Así, nos llegó el amanecer con un gran danés alborotador e indisciplinado, dejándonos con ojeras bien marcadas antes de salir a una celebración familiar.
Así que como dije antes, ahora puedo decir, con conocimiento de causa lo que es una real “noche de perros” y, quien no conozca la experiencia. . . sólo llámeme y organizamos una “pijamada” con Lorenzo. 

viernes, 25 de mayo de 2012

"Una de candidatos y elecciones"


Ya que el viento democrático se ha colado por las rendijas, decidí hacer un análisis de los protagonistas políticos para las próximas elecciones y, tras hacer una comparación de las propuestas, llegué a la conclusión de que tengo a un candidato ideal.
Empezando por lo que sube a su bandera el tricolor y lo que, según los analistas, le trae popularidad: un candidato con una presencia muy atractiva al “sexo débil” y su capacidad de compromiso; sigo con el candidato del sol, cuyo líder se levanta con la ola amorosa y un futuro de esperanza; paso a mirar a la primera mujer candidata a la presidencia, quien se auto califica como leal, honesta y diferente; y, para completar mi revisión, el candidato de la imagen “original” y, según algunos, el más estudiado.
Y sin mucho pensarlo, tengo una relevación. Conozco al candidato que reúne las fortalezas de los cuatro candidatos.
Es alguien con una enorme capacidad de convocatoria y, eso, lo debe a que es y se sabe muy atractivo. Si hablamos de compromiso o lealtad, ¡nadie como él! Aunque la gente le ha fallado, él no retira su fidelidad. En el tema de entregarse amorosamente y sin medida, no hay quien le gane y, su vida misma, es el ejemplo perfecto de la esperanza para sobreponerse a los retos. Es transparente en sus intenciones y cualquiera puede adivinarlas en sus ojos, limpios y francos. En eso de ser “diferente”, le mata el gallo a la candidata y, si alguien es estudiado, es él. . . ¡hasta los huesos!
Por desgracia, los tiempos para el registro de candidatos ciudadanos independientes ha pasado, porque de estar a tiempo, yo propondría sin empacho a:
¡LORENZO PARA PRESIDENTE!

martes, 22 de mayo de 2012

"Casi. . ."


Lorenzo, como algunas personas que conozco, ha vivido su vida en el umbral del “casi”.
“Casi” se cancela su migración a México cuando nuestra agenda comenzó a variar, arruinando las coincidencias.
“Casi” tuvo que ser sacrificado ante la posibilidad de una invalidez permanente.
“Casi” es aniquilado por otro macho que encabezó una revuelta en la manada.
Y, “casi” me convence de que sería un perro apagado y sin carácter después de tantos sufrimientos y pruebas. ¡Sorpresa!
Atrás de esa mirada dulzona y pacífica, he descubierto, se esconde un “pequeño granuja”, diría mi hermano menor. Con sus orejas moteadas y la altura de un poni Shetler,  logra convencer con su impronta de que es como un enorme perro de peluche del pelaje más fino. Pero hoy, me atrevo a develar que, Lorenzo ¡es un verdadero pícaro!
Seguramente algunos dudarán de mis palabras pero, algunas evidencias, confirmarán mis palabras. Aunque, por la ubicación en la geografía personal de mi marido, no me atrevo a exhibir las pruebas.
Si, Lorenzo ha dejado huella de su malcriadez en el trasero de mi esposo quien, por simpatía, se asignó la tarea de salir por las mañanas a una caminata por el pueblo.
La escena de sus travesuras se desata cuando, por simple flojera, mi marido decide cancelar la actividad matutina. Es entonces cuando Lorenzo, con su monumental cabeza, se escabulle entre las sábanas y, sin misericordia, comienza a darle pequeños mordiscos, como pellizcos de monja, en “salva sea la parte”. Si tan convincente actitud no logra sacarlo de las sábanas, procede a pronunciar algo muy parecido a ladridos que, por la fortuna de desconocer el idioma de los perros, no paso aquí la vergüenza de traducir sus argumentos.
A pesar del alboroto de Lorenzo y que no respeta ni el domingo, confieso, mi Goliat de cuatro patas es para nosotros la sobredosis de endorfinas que convierte el despertar perezoso en un retozar de manos, reclamos fingidos y carcajadas.
¡Cómo quiero a este adorable sinvergüenza! 

martes, 27 de marzo de 2012

"Hace un año. . ."

Todos aman a Lorenzo. Su mirada y su apertura para ser acariciado lo hacen magnético al afecto de la gente. Pero pocos saben lo que implica tener a Lorenzo y la rutina permanente que necesita para lograr que su salud avance y que, debo confesar, a veces es una labor extenuante.
Viajar, en mi caso, requiere de la planificación logística en la que, Lorenzo, es pieza clave en mis tiempos de estancia. Por su pasado, mi ausencia le afecta y no es posible hacer como con otras mascotas: Asegurarle alimento y agua por un par de días y ¡listo!
Ahora que ha llegado la primavera y que su terapia de rehabilitación se reintegró a las actividades, la atención y tiempo se incrementaron. Y, de no contar con ayuda, sería para mí imposible darle la atención necesaria.
Hay días que, como hoy, ver fotografías de otros perros me hace mal. Tal vez sea como aquella madre cuyo hijo sufrió un accidente que lo inhabilita temporalmente y que desvía la mirada de la fila de escolares que retozan al caminar hacia la entrada del salón.
Sí, hoy duele pensar en que aún falta mucho trabajo para verlo totalmente recuperado. Sí, hoy me siento cansada de las terapias, los complementos y las comidas especiales.
Hoy, si puedo hablar con la verdad, me duele recordar ese día, hace exactamente un año, donde la vida de mi Lorenzo cambió y su futuro tomó otro derrotero. Pero hoy, igualmente, lo miro tendido al sol, con sus ojos claros y su enorme cuerpo con hermosa piel y, sin dudarlo digo: ¡Gracias a Dios que te tengo, mi Lorenzo! ¡Te quiero, amigo mío! 

martes, 20 de marzo de 2012

"La rana"

Cuenta la historia de una rana que entró a competir con otras ranas del estanque. Todas luchaban por subir una ladera lodosa mientras, el público, les gritaba. Una a una iban resbalando y las ranas que las observaban, en lugar de porras, comenzaron a gritarles sobre lo imposible de la empresa. Al transcurrir la competencia, muchas fueron desertando, excepto una quien, salto y salto, y resbalón tras resbalón, continuó hasta llegar a la cima.
Todos la rodearon y una se atrevió a preguntar: “¿Cómo es que tú lograste llegar a la meta?”. Con sus dedos de rana, la ganadora respondió en el lenguaje de señas y entonces el público comprendió: la rana. . . ¡Era sorda!
Lorenzo, a la fecha, sigue viviendo con altas y bajas. Días donde su avance es evidente y otros donde parece que nunca terminará de recuperarse. Pero, la terapeuta marcó un plazo, ¡Un año! Doce meses de trabajo, dolores, recaídas, perseverancia, cuidados especiales, ánimo y fe.
Y hoy que la primavera llegó, Lorenzo y yo dimos un salto al reto, iniciando la segunda fase con terapia de natación. ¿Agradable? ¡No! Porque, ni a él ni a mí, nos gusta nadar pero tenemos un objetivo y vamos a lograrlo.
Así que, después de escuchar a mi alrededor palabras de desesperanza y frases para convencernos a la resignación, decidí o, corrijo, decidimos ¡SEREMOS COMO LA RANA!
¡Al agua patos, Lorenzo!