viernes, 16 de marzo de 2012

"De cara al sol"

La transición entre el invierno y la primavera se ha convertido en un tiempo difícil para Lorenzo. Los cambios constantes de temperatura le afectan y su ánimo, por días, decae al punto de volverlo reservado.
Es por eso que, los días soleados, son siempre una invitación para  mi Lore para reposar de cara al sol. Sus huesos se fortalecen, sus músculos entran en calor y todo su cuerpo se relaja. Aun así, no es sencillo convencerlo de que se eche en el patio a disfrutarlo porque, a Lorenzo, no le gusta la soledad.
Las prioridades de Lorenzo son firmes. No es sobornable con comida, ni acepta disfrutar de las cosas si ello exige ostracismo. Para mi amiguito, las relaciones son lo más importante y, todo, le sabe mejor si está rodeado de los que ama.
Sus caminatas, además de ayudar a mantenerlo ejercitado, se han convertido en una necesidad imperiosa por la experiencia gratificante de caminar juntos y recibir, dicho sea de paso, una lluvia de mimos en su paseo por la plaza.
Para Lorenzo, lo más valioso y necesario, es la gente. Y él se ha convertido en un recordatorio permanente para nutrir la relación con los que amo. Así, evito dejarme embarcar en la tendencia de dar cosas materiales y, en cambio, me propongo a diario ser generosa para prodigarles lo que es necesario e importante: mi tiempo y mi atención.
Así que, para terminar la semana, ¡Lorenzo, vámonos a pasear!

miércoles, 14 de marzo de 2012

"Exclusividad"

Dicen que las relaciones más fuertes se forjan al compartir los momentos difíciles y tal es el caso entre Lorenzo y yo.
Hace un año ya que mi pequeño gigantón sufrió el accidente y, desde entonces, nuestros destinos se unieron con un amor especial. Aunque hemos tenido tiempos de separación, nuestras vidas han ido complementándose, llenándose de afecto y compañía.
De igual manera ocurrió con mi nieto. Por los estudios profesionales de su mami, mi pequeño y yo tuvimos mucho tiempo para compartir, lo que forjó nuestro vínculo bajo la clasificación de “muy especial”.
Pero, por las terapias de Lorenzo, ocurre con más frecuencia que estemos separados y él ha comenzado a establecer nuevas compañías y afectos. Tal es el caso con mi esposo, con quien sale a caminar por las mañanas o con la empleada, quien le sirve tres opciones distintas de comida durante el día y ni qué decir con mi hijo, que lo llena de mimos.
Este nuevo abanico de cariños no es exclusivo de Lorenzo. Mi nieto, por la inclusión de un nuevo miembro en la familia, ha comenzado también a repartir sus muestras de cariño y preferencia, por lo que la nana se aventuró a decir, a manera de broma: “¡Ya le están haciendo competencia!”.
El comentario me hizo carcajear y, después, pensar.
¿Acaso cuando se ama a alguien, de forma especial, tenemos el derecho de exigir exclusividad? Mi respuesta fue inmediata, “¡No!”. Porque el verdadero amor promueve la libertad y no la dependencia. Y porque, siendo los amores un verdadero tesoro, debemos desear para nuestros seres más queridos que abunden en su vida y sean rodeados por todo el amor posible.
Así que, crece más, mi Lorenzo y sé libre que, yo, pase lo que pase, te seguiré queriendo como “mi amigo especial”.

martes, 14 de febrero de 2012

"Lenguaje"

Esta mañana, corriendo a mil por hora para llegar a la cita médica, Lorenzo, ignorando mis carreras, se acercó con un hilo blanco de baba colgando de los belfos. La sola idea de tener un estampado húmedo y espumoso sobre el pantalón de casimir café me hizo levantar la pierna, sin pensarlo, justo cuando él llegaba a la altura de mi bota y. . . ¡ZAZ!
Con la inercia de mi pie y su caminar, golpeé su hocico tallando la nariz rosada. Su llanto me hizo reaccionar pero, fueron sus ojos azorados y de un azul empalidecido, los que me develaron su conmoción. ¡Lo había golpeado a media cara! Y, lo había hecho, cuando él trataba de mostrarme su cariño.
Sin darme tiempo a levantarme, Lorenzo giró sobre sus patas aun llorando. ¡Su mirada se me quedó clavada en el corazón!
Con paso apresurado, llegó hasta su cama y yo, corriendo atrás de él, comencé a disculparme. Parado sobre su colchón, continuaba con el asombro y el dolor reflejado en sus pupilas.
¡Perdóname, Lorenzo!, le repetí, una y otra vez, pero no intentó acercarse para buscar mi abrazo.
Cuando levanté la mano para acariciar su cabeza, mi compañero se encogió. Entonces me di cuenta de lo que había herido: su confianza. Mi mano, ahora, también le recordaba el dolor de un golpe. ¡Mi corazón se lamentó!
Ahora comprendía la magnitud del evento. Para Lorenzo, los abrazos, los besos y las caricias, son el lenguaje que comprende para recibir mensajes de amor. “Corporalidad”, como lo llamó alguien que recién lo conocí. Y, al golpearlo, usando su lenguaje, él lo asumió con toda la intensidad: una misiva de agresión y rechazo.
Me tomó mucho rato de cariños y palabras suaves para resarcir el daño. Poco a poco, mi querido grandulón adoptó su natural confianza al sentir mi contacto y, con el pantalón babeado y entretejido de pelillos blancos, partí, algo tarde, a las citas médicas.
Una hora tras el volante siempre da tiempo de pensar. Y, tras repasar el desencuentro con mi amigo Lorenzo, justo hoy, en el día del amor, medité en su lenguaje y llegué a una reflexión: ¿Conozco el lenguaje de mis amados, los más cercanos? ¿Lo utilizo cuando alterno con ellos? O, sin saberlo, ¿lo he usado para lastimarlos?
Lorenzo. . . perdón por causarte dolor y gracias, otra vez, por el útil recordatorio de hoy.

miércoles, 8 de febrero de 2012

"¡Ahí vamos, jovencito!"

¡Es un hecho! Ni cirugías, ni enfermedad, ni terapias, ni nada, puede evadirnos de que la adolescencia nos alcance y, para Lorenzo, tampoco hay excepción.
Los límites, antes claros y absolutos, están siendo puestos a prueba por el adolescente can. La cama que se clasificó como un “NO”, ahora es motivo de su terco intento para hacerla de su propiedad.
El pollo, su comida favorita, tampoco ha quedado fuera de sus cambios hormonales y de humor. Ahora, cual joven manipulador, la utiliza para mostrarme sus desacuerdos. “Si no vamos a dar un paseo. . . no como”, me asegura con su actitud. Y, con una huelga de hambre de dos días, me hace saber que “no le gusta estar en la ciudad”. 
Ni platillos especiales ni pequeños sobornos parecen resultar cuando el gigantón de ojos azules ha decidido imponerse.
Ahora sé que, mi Lorenzo, ha dejado de ser un cachorro y no sólo por el desarrollo de su cuerpo, sino por la actitud de adolescente en vías de la madurez.
Supongo que aún tengo una ventaja. Lorenzo abre puertas pero. . . ¡no puede azotarlas!
Aquí comienza un nuevo capítulo de vida para el “Rey Sol” (significado de su nombre) y, por el inicio, con sus casi 18 meses, creo que será más que divertido.

jueves, 2 de febrero de 2012

"¿Por qué?"

La definición de “Perseverancia” dice: “es la actitud de ser firme en alcanzar un objetivo o una meta, en momentos que uno se propone llegar a un final definido por el mismo”.
Lorenzo está de vuelta y su condición de salud deteriorada. Entonces, después de dedicarnos y trabajar en la recuperación, reviso el significado de perseverar y me pregunto: ¿Cuál es el objetivo? ¿En qué consiste nuestra meta? Y ¿cuándo sabremos que hemos llegado al final?
Mi sentimiento, confieso, es de frustración. Tal vez porque, hace más de 10 meses, la meta que forjé en mi mente quedó diseñada en anhelos y no en realidades.
Las palabras “siempre” y “nunca”, aprietan un botón que me habla de imposibles. Y, escuchar que Lorenzo siempre requerirá cuidados especiales, me lleva a pensar que algún “nunca” se nos colará en el futuro.
Volvimos ya a las terapias de acupuntura, reacondicionamos su cama para hacerla más cómoda y la ubicamos en el interior, cambiamos su alimentación y agregamos algunos complementos y medicamentos homeopáticos para reforzar huesos, músculos y maduración. Lo necesario está hecho y, de forma comprometida, lo seguiremos haciendo pero. . . ¿cómo justificar la perseverancia? ¿Cuál es el objetivo al que pretendo llegar con Lorenzo?
Lo miro y, al percibirme, me devuelve la mirada con actitud atenta, mansa, confiada. Lo sigo observando y sonrío. Y mi sonrisa, como señal inequívoca, lo hace levantarse y venir a mi encuentro con la única expectativa de recibir un mimo en la cabeza y, tal vez, un cariñoso jalón en las orejas.
Mi corazón dudoso reposa. Siento tu confianza y tu deseo de estar a mi lado, Lorenzo. Vuelves a tu cama mullida y suspiras. Veo como disfrutas con la simpleza del ser y estar. Descubro tu secreto, mi amigo: Tú no esperas llegar a ninguna meta. No pretendes recobrar la sensibilidad de esos dos dedos en tus patas ni añoras las pistas de alfombras rojas. Tu deleite está en estar vivo, disfrutar lo que tienes, a pesar de lo que no tienes ni tendrás.
Pienso en mi mami y mi papi, cada día más ancianos. Al igual que tú, su salud no volverá a ser perfecta y, también junto a ellos, he perseverado en la búsqueda de todo lo que les devuelva, aunque sea un poco, la vitalidad perdida.
Ahora lo veo como tú, querido Lorenzo. Vale la pena perseverar en causas, para otros, perdidas. Porque, en el camino, aprendo a disfrutar las cosas que sí tengo. . . justo como tú lo haces.

lunes, 30 de enero de 2012

"Finales y comienzos"

Cuando el frío arrecia todo se congela, incluso, el corazón.
Ni las carreras ni las compañías, pudieron evitar que las heladas se infiltraran hasta en los huesos de Lorenzo. A pesar de apretujarse contra los cuerpos tibios de sus compañeros de manada, el enorme perro sintió como, día a día, sus músculos, su piel y su ánimo disminuían.
Y, como intempestiva ventisca, la figura de mi querido amigo se redujo a huesos, piel marchita y ojos opacos. La pierna izquierda, la más dañada desde el accidente, se resistía a cargar el peso y la mano derecha, en sus intentos de compensar, ahora imitaba su cojera.
¡Qué dolor ver a mi bello cachorro cojeando en mitad del invierno!
A veces, el único lugar donde podemos encontrar curación y reposo, es el hogar. Y ese fue el destino de Lorenzo. Con ayuda, hasta para subir al auto, partimos a casa. La llegada, además de conmovedora, resultó de una inusitada alegría.
Estrenando colchón, mi amigo instaló su enorme cuerpo y soltó un resuello como diciendo: ¡Al fin en casa! Y, con inusitado apetito, comenzó su alimentación de tres alimentos al día para recuperar la grasa consumida para sobrevivir el frío. Arroz con atún, croquetas, huevo y complementos vitamínicos comenzaron a recuperarlo, además de la medicación para desinflamar articulaciones.
Las terapias de acupuntura y los mimos constantes tuvieron un efecto inmediato. Y, una dieta de varios kilos de pollo al día, le hicieron ganar peso, poco a poco pero de inmediato.
Esta vez, la prescripción médica fue determinante: Lorenzo no debe vivir fuera de los muros tibios y cuidados especiales por su condición de salud resultante del accidente y la cirugía.
Así que, como sentencia dictada tras el golpe del mazo de un juez, nuestros destinos quedaron unidos por el resto de nuestros días. Lo que parecía un final, en realidad, era un feliz comienzo
¡Bienvenido a casa, Lorenzo, por hoy y para siempre!

lunes, 23 de enero de 2012

"Opciones y otoños"

El tiempo pasa muy rápidamente, al menos, así ocurre para mí y, me pregunto: ¿Serán para ti los días tan vertiginosos allá, con esa pequeña manada que organiza sus días entre carreras, mañanas al sol, comidas y juegos, como lo son para mí en este lado de la cerca? ¿Extrañarás nuestras caminatas, mis manos sobre tu cabeza o tu mullido colchón?
Poco sé de la vida silvestre o de la organización en comunidades de animales pero, por momentos, cuando te veo a lo lejos, una añoranza extraña me invade y un sentimiento, casi de remordimiento, quiere surgirme desde el alma.
¡Qué difícil es dejar atrás a los que amamos y disfrutamos, Lorenzo! Lo estoy aprendiendo contigo y, seguramente, me llegará el tiempo de practicar lo aprendido con alguien más. Pero te confieso, la frase de “Es por su bien”, a ratos, me parece chocante y agresiva. Porque, ¿acaso nadie piensa lo duro que es para una persona tener un lugar cuando es necesaria y ser desplazada cuando se vuelve “opcional”?
Si soy honesta, mi amigo, me duele pensarme como opcional y no siempre me viene bien el sacrificio. Y reconozco que todo mi reclamo suena egoísta pero, ¿no es un poco cruel que, habiendo ganado un lugarcito en los tiempos difíciles, deba desaparecer en la bonanza?
A pesar de mi ocasional inconformidad, me gusta mirarte cuando retozas ese cuerpo renovado y entiendo, a ratos sólo en la cabeza, que estás mejor ahí. Al final, nada me quitará los buenos recuerdos y, espero, tu nueva vida, no me borre de los tuyos.
El otoño inició para los dos, mi Lorenzo. . . ¡te extraño! (Octubre 30, 2011)